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Trabajo Corporal para Pacientes
con Artritis Reumatoidea

por Zully  Altszyler y Ricardo Maronna
 

En este artículo describimos la experiencia de trabajo corporal que realizamos desde marzo del 2000 en el Servicio de Reumatología del Hospital Rivadavia con un grupo de  pacientes con artritis reumatoidea.

Esta dolencia afecta al 1.5% de la población. Es una enfermedad crónica, autoinmune, en la que el sistema inmunológico ataca las articulaciones y tejidos blandos periarticulares. Las sintomatologías más comunes son fatiga, anemia, fiebre, rigidez matinal, dificultad para mover una o varias articulaciones, dolor e inflamación periarticular. Puede llegar a producir desgaste de las articulaciones o deformación de los huesos. Afecta principalmente a mujeres de entre 20 y 50 años; y a un hombre por cada cuatro mujeres.

            El grupo está compuesto por una amplia mayoría de mujeres de entre 20 y 75 años.  En cada encuentro participan entre 20 y 30 personas, pero la composición de los presentes varía continuamente; se incorporan nuevos pacientes, y las inasistencias  son frecuentes. Una vez por semana, los pacientes tienen una sesión de kinesiología y terapia física en el Servicio de Kinesiología, luego un grupo de reflexión de una hora a cargo de un equipo de psicólogos,  y por último una hora de trabajo corporal.

En cada encuentro alternamos las técnicas de Movimiento  Expresivo y de  Gimnasia Consciente  con elementos de Eutonía. El trabajo varía cada semana, según las necesidades grupales.

 Los dolores causados por esta enfermedad inciden permanentemente en la vida cotidiana: los actos más triviales pueden hacerse difíciles y hasta imposibles sin ayuda. El dolor y la dificultad –y con ellos la falta de alegría- terminan por hacerse habituales, con sus consecuencias a nivel físico (tensiones musculares) y emocional (depresión). La movilidad varía mucho de un paciente a otro, y también en el mismo paciente de una semana a otra. Pero en general, suele ocurrir que todos terminan resignándose a una movilidad aun menor que la que podrían utilizar. Comenta una paciente: “una se va encogiendo”.

Por este motivo, en nuestro trabajo se procura poner énfasis en lo que sí se puede, a fin de  recuperar la percepción  del  cuerpo  y la vitalidad como fuentes de alegría, y no sólo de sufrimiento. Hay que tener en cuenta que en la artritis reumatoidea está contraindicado realizar movimientos más allá de lo que el dolor permite;  nuestra intención es que cada uno utilice al máximo la movilidad de que dispone, cuidando de no forzarla.

Uno de nuestros objetivos es promover la sensibilización, ampliando la percepción y la conciencia del propio cuerpo. Con la Gimnasia Consciente se movilizan determinadas zonas  observando cómo ésto influye en el resto del cuerpo, lo que brinda sensación de unidad y funcionalidad. Por medio del movimiento, que cada uno gradúa en ritmo y en intensidad, se flexibilizan las articulaciones y los músculos, se descubren limitaciones y posibilidades.

De esta manera se estimula la propiocepción dirigiendo la atención a  los huesos, las articulaciones, los músculos, la piel, las zonas de tensión y de bienestar. El desarrollo de la representación interna del  sistema ósteoarticular  otorga la noción de estructura, seguridad y sostén. Esto  produce un efecto regulador del tono de los músculos vinculados con los huesos percibidos, alivianando el movimiento. Son útiles en este sentido los ejercicios que tienden a la flexibilización y al fortalecimiento musculares y a la lubricación de las articulaciones.

En los casos de pacientes que tienen imposibilitado el movimiento de una zona, la propuesta es hacer los movimientos desde la intención.  Esta propuesta resulta muy efectiva para mejorar la movilidad sin forzarla, especialmente en zonas con mucho dolor o con deformación ósteoarticular.

 

 


 

El incremento de la sensibilidad a las señales que el cuerpo emite favorece el registro de sensaciones distintas del dolor o las molestias.  La posibilidad de discriminar cada zona del cuerpo y entender la forma en que interactúa con las demás, contribuye a una localización más apropiada del movimiento y a que cada uno pueda encontrar posturas más confortables, movimientos más eficaces y económicos para las actividades cotidianas.

Para ampliar la movilidad es importante explorar nuevas formas de moverse, de respirar y de expresarse. Una aproximación a este objetivo es el movimiento rítmico con música, en que los participantes imitan al coordinador. La imitación, junto con el ritmo de la música, hace que los pacientes se dejen llevar por el recorrido que realiza el coordinador, permitiendo que el movimiento se desarrolle de un modo más fluido.  Se utilizan diversos estilos musicales que permiten transitar por distintos ritmos y melodías, que despiertan diferentes estados anímicos.  Se procura poner en funcionamiento todas las articulaciones y grupos musculares, y utilizar distintas modalidades de respiración. También se utiliza el movimiento libre, en que cada participante se mueve con la música  espontáneamente o siguiendo consignas del instructor.

El uso de la expresión es parte del sistema, y se basa en la idea de que  cada movimiento contiene sensaciones y emociones cuya manifestación resulta saludable. Para ello se emplean diversos recursos expresivos, como los gestos corporales y faciales, la integración de movimientos, gestos y palabras, y  la emisión  de la voz.

El resultado es que –en palabras de las pacientes-   “con la música, uno se olvida de que no podía”,  “aún cuando el dolor parece que no pasa, aquí se me pasa”. También el movimiento contribuye a estimular la conciencia grupal: “cada uno tiene su energía y entre todos movemos y nos llevamos esta energía” .

Dentro del cuadro descripto al comienzo incide muchas veces la falta de apoyo del entorno, pues los familiares y amigos tienden a negarle la importancia debida: las manifestaciones de dolor producen frecuentemente  rechazo y alejamiento. Los pacientes se sienten a menudo criticados por su entorno, y en cambio sienten a las clases de trabajo corporal como un ámbito donde pueden expresarse con libertad.  Un típico comentario es “en mi casa me tengo que estar cuidando de que no me vean quejarme, pero aquí no”. Las cosas no siempre mejoran con las manifestaciones placenteras:  “en mi casa me muevo con la música, bailo sola; me dicen que estoy para el Borda”.  

El contacto resulta entonces un tema importante, pues para muchos pacientes constituye una carencia, causada por las deficiencias del entorno descriptas anteriormente. Los masajes mutuos y automasajes, además de su inmediato efecto corporal, ayudan a paliar ese déficit.  “Lo que hacemos acá me sirve para estar mejor en mi casa; puedo acariciar a mis hijas y a otras personas”; “es importante ser tocada, me hace sentir menos sola”.

Nuestra intención es que el efecto de lo practicado en las clases no quede limitado a éstas,  sino que sirva en la vida cotidiana.  Esto es claramente registrado y aprovechado por los pacientes: ”ustedes tratan de que tomemos conciencia”,  “hace bien hacer los ejercicios en casa, usarlos”, “aprendí a aflojar las rodillas en el colectivo”.

Solemos asistir a la sesión con los psicólogos, pues esto nos permite captar los temas subjetivos y emocionales que están “en el aire”, y a veces trabajarlos indirectamente a través del movimiento y la expresión. En ocasiones, la actividad corporal hace que surjan aspectos de lo psicológico que no aparecen explícitamente en el grupo de reflexión. Por ejemplo, después de trabajar con la pelvis, puede surgir el tema sexual: “por el dolor dejamos de lado nuestra sexualidad.”,  “....sentirse vivas y no estar ocupadas todo el tiempo con el dolor; rescatar la sexualidad”.

Observando la evolución de una clase a otra, vemos que con el tiempo disminuye en los pacientes la fatiga y aumenta el deseo de moverse. El aumento de las capacidades motrices trae aparejada una notable recuperación de la vitalidad y la alegría. Y los comentarios de los pacientes no nos dejan duda de que el trabajo realizado –sumado a los tratamientos recibidos en el Hospital- les facilita un mejor estado corporal y anímico.

 

Zully  Altszyler es coordinadora de trabajo corporal, especializada  en Gimnasia Consciente con  elementos de Eutonía, y psicóloga social.

Ricardo Maronna es coordinador de Movimiento Expresivo.


Ambos integran el “Área Comunidad” del
Movimiento de Trabajadores  e Investigadores Corporales para la Salud (MOTRICS)

 

 

 

www.artritisreumatoidea.org